jueves, 1 de febrero de 2024

El mito de los monos del Tereré

 

El mito de los monos del Tereré


Los pueblos de la Amazonía ecuatoriana nos han legado una mitología clave para entender a un país diverso. Sus etnias, como cofán, shuar, siona, quichua amazónico, huaorani, zápara, nos comparten sus seres fantásticos, como la yaku huarmi (mujer del agua) que entrega el poder a los yachac, en medio de los ríos y bajo el amparo del amaru (la boa).

Está Kujanchan, un shuar al que los dioses le entregaron alas para volar, o el nacimiento del mundo, por parte del dios cofán Chiga. Este mito, ubicado en la isla Tereré, pertenece al acervo de los quichuas amazónicos (provincias norteñas).

En este sentido, la presencia de monos estaría vinculada en un sentido astronómico, especialmente en la zona ecuatorial, con la constelación de Orión, la cual está vinculada a los dos astros mayores: el Sol y la Luna, según Karadimas, citado por Santiago Ontaneda Luciano en el libro Las antiguas sociedades precolombinas del Ecuador.

 

Mito ecuatoriano del castigo de los primeros hombres

 

Mito ecuatoriano del castigo de los primeros hombres


Mito Kichwa (pueblo nativo ecuatoriano) que cuenta la historia de la vida de los primeros pobladores del mundo. Quienes por causa de su conducta los dioses decidieron castigar la humanidad.

El pueblo kichwa posee un imaginario muy rico, desde la manera cómo se tratan los hechos del entorno en los mitos hasta las deidades que genera. Entre esos mitos, destaca uno que nos habla de la vida de los primeros pobladores del mundo, en una época donde todo era sencillo. Sin embargo a causa de la conducta de la gente de aquel tiempo, los dioses tuvieron que castigar a la humanidad.



 MITOS DEL ECUADOR 

Mito del Cóndor Casamentero

En algunas comunidades rurales de Ecuador se cuida a las jovencitas para que no sean raptadas por el Cóndor Casamentero y las convierta en consorte.

Hoy en día en las comunidades rurales más remotas del Ecuador se cuenta el mito del Cóndor Casamentero. 

Este relato Kichwa comienza cuando una joven pastorcita salía con sus llamas a pastar en el campo. Cerca de ella, apareció un hombre elegantemente vestido. Destacaba el atuendo negro y formal de este caballero, a mitad de la nada. Sin embargo, la joven no tuvo este razonamiento; al contrario, se alegró al verlo porque podría pasar el arroyo con ayuda. Así pues, la muchachita pidió apoyo al hombre, quien no articulaba ni una palabra.